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A HISTORIA DOS BAÑOS A TRAVÉS DAS SÚAS MEMORIAS


 

Fernando VII crea en 1816 el Cuerpo de Médicos de Baños para que un médico especialista en las cualidades terapéuticas de las aguas atienda los baños. Las primeras oposiciones se convocaron en 1817. Según el  Reglamento que acompaña a la creación de este nuevo cuerpo, los facultativos tenían la obligación de redactar unas memorias, que debían remitir a la Inspección General, donde se describieran las características y ubicación de las aguas, la topografía del lugar y sus efectos sobre la salud de los enfermos. El Reglamento se modificó en 1834, 1868 y 1874, a partir del cual las Memorias sólo se mandaban cada cinco años.


Así pues, para hacer un estudio completo de la evolución de los baños de Cortegada convendría utilizar las Memorias que, obligatoriamente, debían redactar anualmente los directores médicos de todos los balnearios y enviar a Madrid a la Junta Superior de Medicina (las correspondientes a Cortegada desde 1844 a 1903 están digitalizadas y disponibles en la Biblioteca de la Universidad Complutense sección Medicina). Nosotros, para no ser repetitivos,  sólo vamos a reseñar el primer documento oficial que trata de los baños de Cortegada y que es el redactado por Benigno Pérez Miranda, primer director médico de los baños que conocemos y que ejerce ese cargo desde 1841, que al principio  no tenía sueldo establecido y cobraba los 10 mars. que pagaba todo bañista que no fuera pobre por cada baño.


Se titula Contestación al interrogatorio espedido (sic) por la comisión encargada de redactar el manual de aguas minerales del Reyno, y está fechado en Orense, donde vivía, el 8 de diciembre de 1844. Y  empieza: “En la provincia de Orense, parroquia de San Benito del Rabiño, partido judicial de Celanova, a cinco leguas distante de la capital y ochenta y cinco de la Corte se halla el pueblo de Cortegada, célebre desde algunos años a esta parte en que conocidas las virtudes de los Baños y aguas que llevan dicho nombre, es concurridísimo en el verano y parte del otoño, por muchísimos pacientes que desde distancias considerables, especialmente de las provincias de Galicia y vecino Reyno de Portugal son conducidos allí hábida (sic) de encontrar alibio (sic) en los males que les aquejan”.


Después dice que el pueblo es pequeño y sus casas, a excepción de 3 ó 4, muy malas, sin embargo hay abundante y buena comida para alimentarse, tanto de carne y caza como de pescado (merluza, congrio y sardinas) que viene semanalmente de Vigo, y además hay truchas y anguilas y vino, que “es regular y sano”.”El pan es el único artículo que se vende más caro y el de trigo que lo traen de Ribadavia” (el de consumo habitual ea de centeno y maíz). También cita otros muchos alimentos, como pollos, legumbres, frutas, etc. El precio de las habitaciones en las posadas para las clases ricas se encontraba entre los 2 y 20 reales, y se les proporcionaba habitación, tarima o catre y combustible, “siendo incumbencia de los enfermos el llevar camas y hasta utensilios de cocina y mesa”. Para entretenerse había algún que otro “baile, producido o concertado por las mismas gentes que concurren a tomar los baños”,  una mesa de villar y el tradicional paseo por el camino que iba a San Benito del Rabiño. 


La afluencia a los baños estaba condicionada por la facilidad, o dificultad, de los accesos. En esta primera mitad del XIX los caminos para llegar a Cortegada era de herradura y malos, a excepción, dice Benigno Pérez, del que viene de Orense a Ribadavia que son cuatro leguas y que es regular pero dentro de poco “será bueno por estarse abriendo carretera” (se refiere a la que será después la carretera Vigo-Villacastín), y la legua y media de Ribadavia a Cortegada, aunque de camino de herradura, “es muy bueno y delicioso, porque costea las márgenes del río Miño”, aunque luego precisan pasar por le barca de Meréns o la de Filgueira. Por lo general el viaje se hacía en caballerías de alquiler que costaban entre 11 a 14 reales al día, aunque la clase rica podía viajar en literas (antigua silla de varas para el transporte de una persona) también de alquiler, al precio de 4 duros diarios (80 reales).
Influyó mucho en la afluencia de los baños la finalización de la construcción del ferrocarril  Vigo-Ourense, con paradas en Filgueira y en Ribadavia, en 1881, aunque seguía siendo obligado el paso del río Miño en barca.


En el exhaustivo informe del médico se dice también que el clima es bueno, aunque en invierno hay muchas nieblas “devidas (sic), junto a los eflubios (sic) del río Miño, cuanto a la evaporación de las muchas aguas que en esa estación son atraídas por el país”. Luego describe (que prácticamente copiarán después casi todos los que trataron el tema) los manantiales, empezando por decir que están a 800 pasos del pueblo y que se llaman, uno del Campo, que tiene cuatro piscinas donde pueden tomar los baños 8 personas en una, 6 en dos y 4 en la cuarta, y otro de la Piedra, que abastece a tres piscinas de las que dos pueden atender a 8 personas y 4 la otra. Entre las 7 piscinas “desde las 3 de la mañana hasta las once del día pueden tomar baño de 290 personas a 300, siendo renovada el agua en su totalidad a cada media hora”. Este curioso “horario nocturno” de verano se debía a que no era recomendable exponerse directamente a los rayos del sol al ir o volver; sin embargo en el otoño se empezaba de día, después que el sol había secado el rocío nocturno. La duración de cada baño duraba unos 20 minutos y se realizaban dos al día. Su número variaba en función de la enfermedad y su estado, pero en términos generales los baños internos podían durar entre 12 y 24 sesiones y los externos entre los 24 a 30.


Continúa el director médico diciendo que estos manantiales llevaban 26 años en el más completo abandono, hasta “que el amor filantrópico de D. Gregorio Carpintero (que como vimos fue alcalde y síndico un tiempo) y del Sr. Provisor entonces de la Diócesis de Orense Don Juan Bobo, de los cuales aún existe el primero, agradeció el segundo de que con dichos baños curó perfectamente una gastro-enteritis crónica, y deseoso el D. Gregorio a contribuir a la prosperidad de un pueblo a que pertenece, cuanto de procurar el alibio (sic) de infinitas personas que antes se vehían (sic) privadas de los maravillosos efectos de estos baños, porque sus aguas se perdían sin recogerse siquiera en un mal estanque, dispusieron de acuerdo la construcción de dichas piscinas, siendo de cargo del sr. Provisor satisfacer los jornales para la elavoración (sic) y colocación de la piedra, y del d. Gregorio facilitarla y conducirla”. 


Cuando Benigno Pérez es nombrado director de los baños en 1841 consiguió, con grandes esfuerzos, que se cubriesen, cerrasen e hicieran en su interior cuatro divisiones o casetas “para los diferentes sexos y clases”, y se empezó a cobrar 8 maravedíes a los ricos por cada baño y siendo gratis para los pobres de solemnidad. De esta manera, al haber ingresos, se pudo sacar a subasta su arriendo beneficiando la economía del Ayuntamiento. Los baños disponían de cuatro sirvientes, dos hombres y dos mujeres, que limpiaban las bañeras y cobraban de las gratificaciones que les daban los clientes por atenderlos, de los que el médico no tenía una gran opinión porque eran “de clases, sino de lo más malo, muy poco moralizada al menos”, por eso aconseja que los que quieran tener buena asistencia que se lleven sus propios criados.


La temperatura que sale el agua de la Piedra está entre los 20 a 24º, y la del Campo entre 24 y 28º. Además de estos principales, en Cortegada había otros manantiales menores, como una fuente de aguas férreas que hay entre ellos, y como a 100 pasos de ésta, “inmediata a una presa o pesquera del río”, otra de escaso caudal pero perenne, y “a  la distancia de 200 pasos de estos baños y 800 del pueblo en dirección opuesta… se halla otro manantial de las mismas aguas llamado del Monte, cuyas propiedades físicas y químicas son idénticas, a escepción (sic) de su temperatura de 26 a 30º”. En estos momentos, tanto por su escaso caudal, que sólo permitía llenar su único estanque dos veces al día, como por estar éste medio descompuesto mezclándose en su interior el agua mineral con la potable que manaba en las inmediaciones, estaba prácticamente abandonado su uso.


Más adelante hace una descripción pormenorizada de sus propiedades físicoquímicas y curativas, tanto si se bebían como si se usaban en baños, beneficiosas para un montón de enfermedades de la piel, cerebrales, pectorales, del aparato digestivo, reumatismos…Considera que la época más favorable para usar esta agua es entre primeros de julio a octubre, no solo por la temperatura, sino por la abundante vegetación que “sobre hacer el ayre (sic) muy respirable, amenizan mucho con su risueño verdor, y alegran el espíritu de los pacientes con su aspecto y variados trinos de los muchos ruiseñores de que abunda el valle de Cortegada, así como otros muchos pajarillos…” Además de esta bucólica estampa, también es cierto que en esa temporada los caminos están más transitables, el río lleva menos agua y se cruza mejor, hay mayor cantidad de frutos con que abastecerse…


Dice que el número de visitantes anuales podía oscilar entre los 2000 a 3000 personas, pero que tomaran los baños por estar enfermos serían, por término medio, entre 700 y 900, los demás eran familiares y sirvientes. Aumentaría la concurrencia si las instalaciones y los caminos fueran mejores, y ha tenido una gran incidencia la creación de la plaza de Director, pues antes la asistencia “era insignificante, y casi nula de las clases acomodadas, por manera de cuando menos se ha triplicado el número”. También refiere que la composición de las aguas sulfurosas era muy parecida, siendo las que más se aproximan, en su composición y temperatura, a las de Cortegada las de Castelnuevo en Aragón, cerca de Molina, las de Carballo en A Coruña y otras más.
Benigno Pérez Miranda, como veremos a continuación, se preocupó mucho, mientras estuvo de Director de los baños de Cortegada, de reformar, hacer mejoras y potenciar las instalaciones y el acceso, aunque, la verdad, con poco éxito, a pesar de apuntar ya en este informe lo que había que hacer y que esos gastos se podían sufragar con el producto del uso de las casetas, que iba entre 4 y 8 mars., que cobraba el Ayuntamiento, o con parte de los 1400 reales del arriendo, que en este momento lo tenía D. Vicente Ojea, boticario del pueblo.


Termina este informe elevado a la Junta Suprema diciendo que el resto de baños minerales de la provincia de Orense, a diferencia de Cortegada, no tienen director ni se han hecho análisis de sus aguas. Está firmado en Orense, donde vivía porque el Concello no había atendido su solicitud de proporcionarle alojamiento (como vimos anteriormente), el dos de diciembre de 1844.
Este interés en arreglar y ampliar el número de pilones, de mejorar el mal camino de acceso, recoger las aguas que se pierden y construir casetas portátiles de madera, por la imposibilidad de hacerlas más sólidas por las frecuentes inundaciones que provocaba la cercanía del río, hace que D. Benigno, según cuenta en la Memoria de 1848, consiguiera del Jefe Político (Gobernador) de la provincia que le mandara un “celador facultativo de caminos” para que, con sus conocimientos, levantara un plano de las obras más indispensables que, según el director, había que hacer en los baños y el costo de las mismas, con el acuerdo del alcalde y resto de la corporación. La relación es larga, pero las que representaban un mayor gasto eran: la construcción de 4752 pies cúbicos de murallón (para evitar la subida del río) por importe de 9.501 reales; 864 pies cúbicos de perpiaños por 2.160 reales; 2.296 pies cúbicos de baldosado por 4.592 reales; tablas y maderas para construir las casetas, 5790 reales; explanación, desmonte y arreglo del camino, 24.500 reales; también había partidas menores  para reparar la arqueta del Campo, cañerías, herrajes, cristales… En total el costo de las obras alcanzaba la notable cantidad de 61.668 reales.


Pese a los esfuerzos de Benigno Pérez la obra no se realizó, y no sabemos si por estar cansado de preocuparse en vano por adecentar los baños o porque mejoraba su estatus profesional o vital, lo cierto es que dejó la dirección de los baños de Cortegada y en 1851 lo encontramos de Director médico de los baños de Solares y del cercano de Liérganes, en Cantabria.