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ALGUNHAS REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS A LOS BAÑOS


 

Hay muchas referencias a los baños de Cortegada en la abundante bibliografía escrita durante el siglo XIX. A modo de ejemplo vamos a recoger alguna y transcribir lo más interesante, porque la descripción y ubicación de las fuentes se repiten prácticamente en todos los textos.


Uno de los primeros que habla de ellos es el Tratado completo de las fuentes minerales de España de Pedro María Rubio, publicada en Madrid, en el Establecimiento Tipográfico de D. R. Rodríguez de Rivera, calle de S. Cipriano, núm.3, en 1853. Su autor fue un afamado doctor en Medicina y Cirujía, médico de SS.MM., Caballero de las Órdenes de Carlos III y de la Legión de Honor de Francia, diputado en Cortes, entre otros muchos cargos y distinciones. El libro de este especialista en la enfermedad del cólera es el resultado de la información que le proporcionaron los médicos directores de los balnearios españoles al contestar a las cuestiones que les planteó (nombre, ubicación, propiedades, composición…) en una circular que envió en 1840 cuando era secretario de la Dirección de Estudios de la Junta Superior Gubernativa de Medicina y Cirugía.


En las páginas 105 y 106 de este libro se dice que “En la provincia de Orense, partido de Celanova, parroquia de San de Benito del Rabiño, a orillas del rio Miño y a 140 pies sobre el nivel del mar, se encuentra el pueblo de Cortegada. A 800 pasos de este, en terreno primitivo granítico y en sitio muy frondoso, hay varias fuentes de aguas minerales; pero las más conocidas son tres, llamadas baños de la Piedra, del Campo y del Monte, antiguamente del Castaño. La primera brota entre pizarras y es la más abundante: la segunda mana a borbollones, y la tercera, que es la de menos caudal, vierte en un pilón de cantería. Entre las fuentes del Campo y de la Piedra hay otras de agua ferruginosa.


Las aguas del baño de la Piedra son transparentes; de olor hediondo y sabor desagradable; dejan unas concreciones blanquizcoamarillentas en los sitios por donde pasan; ennegrecen la plata, y tienen una temperatura variable de 20 a 24º R. Las de los baños del Campo y del Monte son iguales a estas, sin más diferencia que la de que la del Campo es de 24 a 28º de temperatura, y la del Monte de 26 a 30º. Dícese que el agua de las tres fuentes primeras era fría antes del terremoto de 1755.


Don Benito Pérez Miranda, actual director interino de aquellos  baños, asegura que la composición química de esta agua mineral es la siguiente:
Gas sulfhídrico.
Sulfato sódico.
Carbonato Cálcico.

Materia orgánica de textura fibrosa y de color verde amarillento.
El agua de los manantiales ferruginosos es de 18 a 20º R. de temperatura, y contiene, según el mismo:
Carbonato férrico
Carbonato Cálcico.
Sulfato Cálcico.


Don Juan Antonio Prieto habla de un manantial ferruginoso que se halla al N. y a corta distancia del de la Piedra, que fluye con escasez de una roca pizarrosa, y cuya agua es clara, inodora, de sabor estiptico, y deja un sedimento ocráceo. Asegura que esta agua es ferrugino0sa crenatada, bastante saturada de hierro, pero que lloviendo es mucho más floja. Se hace uso de ella en bebida con buen resultado.


Corresponden estas aguas por su temperatura a las frescas, templadas y calientes, y por su composición química a las sulfurosas y ferruginosas, carbonatadas y crenatadas.
Se usan medicinalmente contra las afecciones gástricas y intestinales y las de pecho crónico, bañándose en las aguas sulfurosas y bebiendo las ferruginosas. La mayoría de concurrentes la componen los atacados de afecciones reumáticas.


La temporada es de 15 de julio a fin de septiembre.


Tienen dirección facultativa interina.


Estos manantiales estuvieron en completo abandono hasta 1818.


La inmediación de estas fuentes al rio hace imposible, sin grandes dispendios, levantar baños fijos y permanentes. Así es que todos los años excavan de nuevo las piscinas, que son cuatro para el manantial del Campo y tres par el de la Piedra. Se hacen casetas de madera ambulantes.


Los bañistas se alojan en las casas del pueblo con poca comodidad.


Pertenecen las aguas a los propios de Cortegada. El ayuntamiento arrienda los baños en 1.400 rs.


En 1849 se proyectó construir un fuerte murallón para defender del rio los manantiales, un arca de agua con cuatro pilones y ocho casetas de castaño, portátiles, para cubrir los pilones; todo esto en el baño del Campo, haciendo después una cosa análoga en el de la Piedra. Para el del Monte bastará un pilón con su caseta. A esto se agregaba la construcción de un buen camino de unos a otros baños y de todos al pueblo.


Las fuentes de agua ferruginosa de que se que se ha hecho mención, son dos.  La una está situada entre el camino y los baños de la Piedra, y la otra a cien pasos de aquella, inmediata a una presa del rio. Entre ambas dan unos 300 cuartillos en diez horas.


La concurrencia en 1847 fue de 767 bañistas: en 1848 de 933: en 1849 de 258: en 1850 de 968, y en 1851 de 1016.


El director actual interino es don Juan Antonio Prieto”.


En 1867 las condiciones de los baños no parecían que hubieran mejorado mucho respecto a la situación en que los dejó don Benigno Pérez porque Ramón Otero Núñez, en su Galicia médica, publicado ese año, después de afirmar que sus aguas disfrutaban del mayor prestigio en el país, decía además que “son también en las que se observa mayor incuria, mayor abandono. Dos chozas de madera cuyas mal aplicadas tablas dan libre entrada al aire exterior y agua llovediza, ocho grandes pilas de granito mal construidas, un malísimo camino en cuesta en pendiente 500 metros de longitud para bajar a los baños y otro mucho peor de legua y media que desde la Cañiza o Ribadavia conduce al pueblo, son condiciones que deben mejorarse, en beneficio de la salud pública en parte mejorado por el agua y la amabilidad de sus gentes”:


Diez años después, Nicolás Taboada Leal, médico (especialista en cólera) e historiador (fue nombrado cronista oficial de Vigo), en su libro titulado Hidrología médica de Galicia: ó sea noticia de las aguas minero-medicinales de las cuatro provincias de este antiguo reino (1877, red. facs, 2011), además de describir sus manantiales, ubicación, composición, etc., como hacen todos los que tratan el termalismo, dice cosas interesantes de Cortegada y de la importancia y dependencia que tiene de sus baños, sobre todo en la temporada de verano. Como que tiene unos 70 vecinos (unos 350 habitantes) y 80 casas, “destinadas casi todas para alquilar á los concurrentes”. Tiene una pequeña plaza que, “mientras dura la temporada de baños, está bien provista de todos los artículos de primera necesidad y hay allí además algunas tiendas de comestibles, abacería, paños y otros efectos, y también botica”.


Entre los diez años que hay entre ambas publicaciones debieron relizarse alguna de aquellas importantes reformas por las que suspiraba su primer director, porque Taboada ya dice que “se ven ambos baños cubiertos y cerrados con sus respectivas casetas. Las paredes son de piedra, pero las divisiones, cubiertas y techos, de madera; así es que estos se desarman fácilmente todos los años concluida la temporada, volviendo a cubrirse al principio de ella, y formando unos pabellones bien cerrados, de suerte que proporcionan toda la decencia y abrigo necesarios para que los enfermos de ambos sexos puedan vestirse y desnudarse con la conveniente separación a la entrada y salida del baño; lo que no sucedía anteriormente, dándose por consiguiente el indecoroso y repugnante espectáculo de hallarse confundidos hombres y mujeres. Esta obra, que hemos dicho se reedifica anualmente, es costeada por los bañistas, que contribuyen con 4 rs. siendo artesanos o pobres, y con 8 las personas acomodadas.


No cabe duda que los baños y aguas minerales de Cortegada tienen mucha nombradía y gozan de una bien merecida reputación en toda Galicia, y especialmente en las provincias de Orense y Pontevedra. La concurrencia anual de enfermos a este establecimiento es de 1.000 a 1.200 lo ménos.


En el pueblo de Cortegada siempre se encuentra albergue para todos los enfermos y sus asistentes, aunque concurran a la vez en bastante número”.


De todas maneras los arreglos no se habían realizado en su totalidad porque, al final,  el médico viveirense termina lamentando “el estado de abandono en que se encuentran los manantiales de las ferruginosas, que en la actualidad bajan a aquel campo mezcladas con abundante cantidad de agua común del riego de los sembrados de su inmediación”.